E l segundo poemario del poeta y novelista chileno Alejandro Zambra, Mudanza (Ediciones Tácitas, 2003), está compuesto por seis poemas que presentan un patrón rítmico movedizo pero constante que les dota de una particular musicalidad. La traductora Alex Niemi se ha enfrentado al complejo reto de trasladarlos al inglés en un proceso de reescritura basado en el ritmo como coordenada principal. Decía Borges que algún día llegaría el momento “en que una traducción sea considerada como algo en sí misma”. Presentamos en Iowa Literaria la versión castellana e inglesa de uno de los poemas para que el lector juzgue si ese momento es ahora. ( MBR)
Foto por fakinei
(2)
Ella viaja largas horas y no llega a su destino,
hay carteles con su nombre, hay personas
que esperaban un encargo y ella viaja largas
horas y no llega y eso es todo: fue la mano,
no era yo quien saludaba, fue la sombra
no era yo quien se escondía en los andenes
interiores y pedía urgentemente que bajaran
el volumen: ella viaja largas horas, hay
carteles con su nombre, le bajaron el
volumen al zumbido, muchas veces los
aviones o los buses se detienen por un
rato y acumulan combustible mientras
cenan o comentan los efectos especiales
y las manos enfundadas se acaloran.
Le bajaron el sonido a los motores
pero vienen enseguida según dicen
y comentan quienes miran los recuadros
de la prensa o revuelven con los ojos
la cerveza. Ella viaja largas horas
y no llega. Ella duerme mientras pasan
la frontera, nunca supo que trajeron
desayuno que ahora mismo cruzarán
la turbulencia, no era yo quien
saludaba atentamente quien pedía
que llenaran el estanque hasta el rebalse
porque en días como estos no se puede
–no se debe– hacer promesas en el aire
no conviene revisar la borra espesa
del café ni grabar las iniciales
en un libro que más tarde se
desfonda en la memoria o en pizarras
con plumones que exasperan las
señales que se borran según dicen que
no vino, que ella duerme todavía sin saber
que cruzarán la turbulencia, ella viaja
tan tranquila sin llegar a su destino,
hay personas que esperaban con
carteles, con pizarras, no era yo
quien saludaba atentamente con
las cejas hacia el fondo ennegrecido
de personas que comentan las escenas
principales mientras llegan los encargos
las maletas, los plumones, los zumbidos,
los carteles, el destino y las cervezas.
(2)
She travels long hours and doesn’t reach her destination
where the signs say her name, where the people
stood awaiting orders, and she travels long
hours not reaching, nothing more: it was the hand
not me waving, was the shadow
not me hiding in the inner
sidewalks sharply asking them to turn
the volume down: she travels long hours where
the signs say her name, they turned
the volume to a hum, the planes
or busses frequently delay
amassing fumes while
they eat dinner or discuss special effects
and their covered hands grow hot.
They turned down the motor sound
but they come right away they say
and discuss who’s looking at the press
text-boxes or beer stirring
with their eyes. She travels long hours
not reaching. She’s sleeping when they pass
the border, never knew that they brought
breakfast, that they’ll soon experience
turbulence, it was not me
waving discreetly who asked
to overflow the pond
because on days like this you cannot even
—shouldn’t even—make promises in air
it’s unwise to probe thick café
dust or record beginnings
of a book that later falls
apart in memory or on boards
with markers that exasperate the
marks that are erased, they say
she didn’t come, that she still sleeps not knowing
that they’ll soon experience turbulence, she travels
so peacefully not reaching her destination,
where people stood waiting with
signs, with boards, it wasn’t me
waving discreetly with
eyebrows darkened to the bottom
of the people discussing the main
scenes while the orders arrive
suitcases, markers, buzzing,
signs, the destination and the beers.