El vientre de las iguanas . María Paz Moreno. Editorial Renacimiento, España, 2012. 71 pp.
E l vientre de las iguanas es el séptimo libro de poesía de la española María Paz Moreno, que además de poeta es crítica literaria, ha impartido clases en varias universidades estadounidenses y publicado tres libros de ensayo.
Contiene 27 poemas en los que hay muchos animales: ovejas, alacranes, erizos, caracolas, hasta un armadillo y por supuesto una iguana. Presenta al menos un animal en cada poema; y cuando no hay fauna aparece el paisaje en forma de cordilleras, volcanes, desiertos o fondos del océano.
Este libro es una contemplación de la naturaleza a la manera en que la observa el monje, pero en la circunstancia fugaz del viaje. El yo poético presencia el mundo, la quietud de las montañas o la inquietud de los delfines, y elabora algo así como las postales que el viajero quiere guardar en su memoria, intentando darle un significado especial a cada experiencia. Los viajeros y los poetas se parecen porque encuentran belleza y verdad en todo, incluso en las patas rígidas de un insecto minúsculo.
Esta contemplación del presente que no quiere llegar a conclusiones rimbombantes es lo más bello del poemario, la construcción de una atmósfera donde la mente quiere perderse sin poder dejarse ir del todo. Como en el poema que da título al libro, la voz trata de volverse naturaleza, dejar de ser turista, dejar de pensar y tan solo sentir el calor de la roca en el vientre como la iguana. Intenta volverse sensación pero no puede, y ese fatalismo resuena de fondo en varios momentos sin enunciación ni lamento, sólo como constatación.
Estos poemas aluden a viajes físicos en la parte central del libro, compuesta por “Selvática” y “Desértica”. Y también se alude a otro tipo de viajes en “Sansueña” y “Entomología poética”, como son los sueños y la memoria.
En cuanto al estilo, interpreto su poemario a través de la dedicación de la autora tanto al arte como a la academia. En él encuentro un cruce de tres niveles que podemos rastrear en un sólo poema, por ejemplo en “River Stone”. Hay un nivel más intelectual o reflexivo, en versos enunciativos que constituyen el marco conceptual del poema: El silencio es una forma de meditación, / una vía directa para el pensamiento/ surgiendo como un manantial secreto / cuando calla la voz . Hay otro nivel narrativo que funciona como transición del pensamiento a la emoción: De un paseo por el bosque / rescato una piedra blanquecina / marmórea y firme como una pieza de ajedrez . Y un tercer nivel metafórico y sensorial, que da cohesión poética a las tres capas: Acaricio las cicatrices / rugosas que marcan su superficie / como quien lee el destino / en las rayas que surcan las palmas de la mano…
El resultado de este cruce es el de una voz que estudia el mundo, que lo observa pero que no por ello quiere entenderlo, tan solo sentirlo sin caer en el sentimentalismo. Por eso mide las palabras con cuidado para no dejarse llevar demasiado por el pensamiento, ni por la sensación, para que el poema quede enmarcado entre ambos, equilibrado.
Puede que el equilibrio sea la mayor virtud de este libro y al mismo tiempo su mayor defecto: por un lado se agradece la contención porque no se exaltan vanidosamente ni los pensamientos ni las vivencias de la autora, pero a veces, precisamente por esa contención, los poemas resultan demasiado correctos.
Lo releo desde la perspectiva del viaje y me doy cuenta de que es probable que esta sea, sin embargo, la mejor opción. Dejar que las palabras nombren por sí solas lo que hay, como el que nombra las cosas que ve desde la ventanilla de un tren, porque al fin y al cabo, como termina la autora uno de sus poemas, Después de todo, ¿qué es un poeta sino un coleccionista de palabras hermosas?