Arquitectura yo . Josep M. Rodríguez. Visor, Madrid, España, 2012. 64 pp.
J osep M. Rodríguez (Suria, Barcelona, 1976) es el autor de Arquitectura yo , poemario que obtuvo el XIV Premio de Poesía Generación del 27 y que ha sido publicado por la madrileña editorial Visor en 2012. Arquitectura yo es el quinto poemario de Josep M. Rodríguez. Los dos anteriores también fueron merecedores de sendos premios, ya que Raíz (Madrid, Visor, 2008) recibió el VII Premio de Poesía Emilio Alarcos , y La caja negra (Valencia, Pre-Textos, 2004) obtuvo el V Premio de Poesía Emilio Prados . Anteriormente, había publicado Frío (Valencia, Pre-Textos, 2002) y Las deudas del viajero (Lleida, Dama Ginebra, 1998). Ha sido antologado y antólogo en varias ocasiones. Es autor del ensayo Hana o la flor del cerezo (Valencia, Pre-Textos, 2007). Ha traducido al poeta japonés Kobayashi Issa. Mantiene el blog La caja negra , alojado en http://www.josepmrodriguez.blogspot.com .
Arquitectura yo incluye treinta y siete poemas, organizados en cuatro secciones de peso similar. Ninguna tiene título, sino que van precedidas de sendas citas que revelan, con mayor o menor precisión, su contenido. La que encabeza la primera sección nos deja claro el tono general de Arquitectura yo : Está oscuro y quiero entrar (Alejandra Pizarnik). Un tono que vienen a confirmar los versos iniciales de «Crudo», el poema que abre el libro: De tan negra / y profunda / la tristeza parece un pozo de petróleo . Tristeza, pérdida, nostalgia, muerte son términos que sobrevuelan todo el poemario, pero que aún no han aterrizado por completo en esta primera parte, en la que Josep M. Rodríguez reflexiona sobre la poesía y sus tensiones. La que existe, por ejemplo, entre el deseo de individualidad del poeta y la consciencia de formar parte de una tradición de la que no puede separarse aunque así lo quiera ( Deja de preocuparte por quién eres. / El árbol que no es bosque / lo anticipa .). O la que termina por plasmarse en la constatación, entre resignada y serena, de que la poesía «pura» es imposible: Te costará aceptarlo, / pero no estás aquí sólo como testigo .
La segunda sección, por su parte, incluye diez poemas y va encabezada por una cita de Paul Celan ( Yo soy tú cuando soy yo ). Aquí el tema principal es el amor. O, más bien, la incertidumbre del amor que comienza o que renace, ilusionante y temible al mismo tiempo. Ilusionante, porque nos otorga una Frágil serenidad / que no se debe / al calor de tu piel ni a los latidos, / sino a la sensación de no ser yo, / de poder no ser yo por un instante . Temible, porque el autor es muy consciente de que sólo podemos levantarlo a base de añadir capa más capa sobre su íntimo núcleo, el «viejo amor» que siempre está ahí / sin que tú te des cuenta . Un íntimo núcleo que puede quebrarse y arrastrar con él todas las capas o, lo que es quizá peor, no llevárselas consigo pero dejarnos huecos. Y que no permite que nos entreguemos por completo: Hoy he vuelto al jardín / donde la primavera / se ha posado de nuevo en el manzano. / Pero no me confío: / sé bien que hasta las flores tienen sombra .
En el tercer apartado (once poemas) el libro se hace mucho más oscuro. Ahora el tema es la enfermedad y la manera brutal que tiene de hacernos conscientes de nuestro propio cuerpo. La terrible incertidumbre de la espera de un diagnóstico. La muerte de los seres queridos y el dolor que provoca. El modo en que nos vuelve conscientes de nuestra propia muerte. En fin, la marea de recuerdos que despierta y que nos arranca definitivamente de la infancia, como deja claro «Primera visita al zoo», en el que encontramos algunos de los versos más rotundos del poemario: ―¿ Y cómo te imaginas ser mayor? / No sé qué respondí, / tenía doce años: / aún no comprendía que crecer / es ir al zoo / y sólo ver barrotes.
Una cita de Keats ( Muchas veces estuve / un poco enamorado de la apacible muerte ) nos introduce a los restantes siete poemas de Arquitectura yo . Unos poemas en los que el tono se vuelve aún más pesimista y más oscuro, pese a la tibia invitación al carpe diem que se hace en «Tejados – Versión segunda», el primer poema de esta sección : la muerte / separa lo visible y lo invisible. / Y hasta entonces, / saber que todo es víspera; / amar lo impermanente . Porque es la muerte, concreta o más abstracta, ajena o propia, temida o deseada, la que domina los últimos poemas de Arquitectura yo , alcanzando su cénit en los versos finales: ¿Alguna vez pensaste que tu cuerpo / es sólo la envoltura / del gusano de seda de la muerte? / Su crisálida deja tras de sí, / tumbado en la camilla, / un cadáver / abierto .
En lo que respecta al aspecto formal, Arquitectura yo está compuesto de poemas breves, de no más de una página, construidos no tanto sobre la metáfora como sobre la imagen. Esa insistencia en la imagen, esa preocupación por lo visual se plasma también de manera explícita en varios poemas del libro, dedicados al mundo de la pintura («Monet», «Ukiyo-e», «Mitologías») o la propia descripción de imágenes («Postal de otoño»). Por lo que respecta a la métrica, Josep M. Rodríguez muestra un gran dominio de la misma, plasmada en forma de, fundamentalmente, endecasílabos y heptasílabos, ya solos o formando alejandrinos. También resulta clara su preocupación por el lenguaje, sencillo y muy cuidado, y por la disposición de los poemas en la página, limpia y clara, algo que siempre es de agradecer a autores y editores, y a lo que también contribuye su parquedad en el uso de los signos de puntuación.
Arquitectura yo no nos transmite, pues, una imagen alegre del mundo. Más bien al contrario, nos habla de él como un lugar lleno de dolor y tristeza. Una tristeza lúcida y serena, sin afectación ni decorados. Un dolor contenido, arrancado verso a verso del silencio en que se encierra. Un mundo lleno también de incertidumbres, de preguntas sin respuesta, en el que el silencio anuncia la amplitud, / la vastedad de lo que no conoces . De lo que no conocemos.
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