Santiago, 10 de septiembre de 2012 (email).

Q ueridísimo Óscar,

Sólo una emergencia con la salud de mi madre (87 años) me impidió enviarte antes un gran abrazo.  Vayan mis más profundas felicitaciones por el Premio Nacional que a ti te deberían haber dado el 2000, si no antes.  Es algo que no tiene que ver sólo con la justicia.  Creo sinceramente que la poesía se quedó atrás del mundo y que, al menos, tal como la hemos conocido, es un arte que se está apagando.  Pero ha sido un gran arte, el más hondo y vasto que ha inventado lo humano, y a lo único que creo que se puede aspirar, es a que se apague con un mínimo de grandeza y dignidad.  Los poetas bajaron del Olimpo, dice Parra.  Está bien, bajaron, ya se tomaron sus buenas vacaciones, ya farrearon bastante, ahora de nuevo todos para arriba a retomar el trabajo, a subir de nuevo al Olimpo para escribir juntos las letanías finales por 2800 años que están llegando a su fin. Tus poemas son parte crucial de esta gran despedida, libros como Arte de morir dignifican  el final de la poesía.  Te felicito, te felicito de corazón.  Y que no te preocupe el Olimpo, Óscar querido, al fin y al cabo el sitio no está mal, es sabido que el mejor aire es el de la montaña.  Trataré de subir a verte allí.

Un abrazo muy fuerte,

Raúl

Óscar Hahn con unos amigos

Óscar Hahn en sus años universitarios en Chile.
(Cortesía de Ozzie Díaz-Duque)