L os poemas de Rafael Cadenas (Barquisimeto, Venezuela, 1930) son ejercicios de revelación. Revelar es descubrir o manifestar lo ignorado o lo secreto, es decir, mecanismos invisibles, imágenes ocultas a primera vista, relaciones misteriosas, que no llegamos a comprender enteramente, entre elementos de lo que ufanamente llamamos realidad. Las revelaciones son, por tanto, productoras de luz, cañones de lucidez.

Por otra parte, los poemas de Rafael poemas están encarnados en una continuada y exhaustiva reflexión sobre el lenguaje, al que ha dedicado un volumen de ensayo, En torno al lenguaje (1984) y numerosos poemas metapoéticos, como éste extraído de su libro Una isla (1958):

Sola,
insegura,
apremiante
palabra,
casa sin atavíos.

Para ella desearía
la fuerza
de los árboles.

Puede decirse sin exageración que la poesía de Rafael Cadenas ha sido fiel a esta poética temprana y que ha profundizado en las posibilidades expresivas de una voz, al mismo tiempo solitaria, con un temblor de inseguridad –a la manera de lo que Joseph Brodsky afirmaba que era condición esencial de la poesía–, con una punzante sensación de urgencia por desprenderse de los signos de lo revelado y con una progresiva ausencia de utillaje retórico, sobre todo a partir de los años 70, que ha preferido la autoridad de la sencillez y la búsqueda de la esencialidad a la opulencia expresiva. Y no precisamente por no estar dotado para las grandes cabalgadas del lenguaje, como atestiguan los poemas de su libro Los cuadernos del destierro (1960), que despliegan una extraordinaria riqueza de recursos de estilo, sino por una suerte de decantación genuina, de adecuación progresiva entre su manera de percibir el mundo y el desarrollo de su ideario poético. “La humildad es un refinamiento”, escribe en su ensayo Apuntes sobre San Juan de la Cruz y la mística (1995).

En torno al lenguaje es una defensa de la palabra, no solo como el rasgo más característico del hombre sino también como su configurador. También es una llamada de alerta sobre al relación directa entre las crisis modernas, en particular la de la sociedad venezolana, y la decadencia en el uso de la lengua. “Suele verse dentro de límites exclusivamente lingüísticos. “¡Como si el lenguaje no estuviera en relación estrechísima con todo lo que atañe al hombre, como si no fuera inseparable de su mundo!” –escribe. Destaca como ejemplos de concienciadores de la lengua a Karl Kraus y a Pedro Salinas, y señala cómo el primero luchó contra el nazismo desenmascarando la fraseología de sus propagandistas y en el segundo cómo puso el acento en la necesidad de políticas lingüísticas encaminadas –son palabras del propio Salinas– a “moldear conciencias humanas capaces de dar el máximo rendimiento de su potencia espiritual a la sociedad en que viven”. Como salida a la debilidad de la lengua, Cadenas solo concibe un camino: la lectura.

Portada de Obra entera

Rafael Cadenas forma parte de la generación venezolana del 60. Perteneció al grupo de la revista Tabla redonda , de inspiración marxista, junto a Ángel Eduardo Acevedo, Arnaldo Acosta Bello, José Barroeta, Jesús Guédez, Darlo Lancini y Sanoja Hernández, que tenían en el realismo mágico, en Vallejo, Neruda y Brecht sus referentes principales. Entre 1952 y 1956 fue desterrado de su país por participar en una huelga estudiantil contra la dictadura de Pérez Jiménez y vivió en la isla de Trinidad. Posteriormente se instaló en Caracas, ciudad en la que reside actualmente, y en la que ha sido profesor de literatura en la Escuela de Letras de la Universidad Central.

Su prosa y su poesía hasta 1995 están reunidas en el volumen Obra entera , editado en México por Fondo de Cultura Económica (2000) y en España por la editorial Pre-Textos (2007). Además ha reunido sus traducciones de poetas diversos en El taller de al lado (2005), una especie de caja de conexiones en la que no es difícil de seguir algunos de los hilos que unen a los autores seleccionados –de Cavafis, a Tadeuzs Rózewicz– con el propio Cadenas.

Rimbaud, Pessoa y Michaux son, según su propia declaración, los poetas que más le han influido. En una ocasión, al ser preguntado por la corriente poética con la que más se identificaba, afirmó que con esa corriente difusa y plural, pero reconocible, que es la gran corriente de la poesía moderna. El de Cadenas es un discurso poético atento al mundo presente y sumergido en los acontecimientos que se suceden en él, desde la literatura, la filosofía, los estudios culturales, los procesos sociales, los medios de comunicación o la política, en especial la de su país, que ha vuelto a ocupar, como ocurrió en sus libros de los años 50, el escenario de algunos de sus poemas más recientes.

Su poesía alterna sin complejos el prosaísmo y el lirismo, la imaginación y la especulación, el diálogo y la perplejidad, lo sublime y el razonamiento desmitificador, una hibridez poética que lo conecta con los poetas de promociones posteriores a la suya, nacidos en el humus del pensamiento postmoderno, y que, como muchos de ellos, parece haber renunciado al poder totalizador del poema unitario, evidenciando, a través del fragmentarismo, la naturaleza momentánea y abierta de su discurso.

Hay otro elemento común a toda la obra de Cadenas, que es a la vez su fuente y su desembocadura y que no contradice a ninguno de los citados anteriormente, sino que les añade coloración y los intensifica: el misterio. El misterio es vivido por Cadenas con asombro y entendido con naturalidad. Es una presencia corriente, de trato diario, no solo relativo a los grandes enigmas de la filosofía científica y las profundidades siderales, sino a lo más inmediato, como cualquier deseo o palabra. Pero se trata de un misterio sin esoterismo, que en lugar de deslumbrarle o desorientarle, activa su sensibilidad. Es el tejido del que estamos hechos. “A estas alturas podríamos darnos cuenta de que ese misterio nos constituye; de que somos misterio, de pies a cabeza; de que el misterio está en cada poro, cada célula, cada átomo que nos forma”, escribe en En torno al lenguaje .

Otros textos del autor en Iowa Literaria :
El don de las apariciones verbales